Lima, 05 de noviembre de 2026
Alfonso Armando Muñoz Verón, presidente de MECAMIN Perú 2026, evento realizado en Huancayo del 14 al 16 de octubre, sostuvo que el verdadero desafío de la transformación minera no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías, sino en cambiar la manera en que las organizaciones piensan, deciden y actúan, movilizando la experiencia operacional, la inteligencia colectiva y el compromiso de las personas.
Alfonso Muñoz – Presidente del MECAMIN PERU 2026
La industria minera ha evolucionado de manera constante gracias a la incorporación de nuevas fuentes de energía, la mecanización, la automatización y las tecnologías digitales. Cada etapa permitió multiplicar la fuerza física, operar a mayor escala, automatizar procesos clave y conectar datos para mejorar la toma de decisiones. Sin embargo, la transformación que comienza a desplegarse en el sector responde a una lógica diferente y va mucho más allá de la adopción de herramientas avanzadas.
Esta fue una de las principales reflexiones planteadas por Alfonso Armando Muñoz Verón durante sus intervenciones de apertura y cierre de MECAMIN Perú 2026. Ambos mensajes formaron parte de una misma narrativa: “El futuro no se espera, el futuro se construye” y “La minería que debemos atrevernos a construir”.
Muñoz señaló que el cambio actual no consiste únicamente en implementar una nueva generación de maquinaria, sensores o algoritmos, sino en definir con claridad qué tipo de minería se desea construir y qué papel ocuparán las personas. En ese contexto, el reto para las compañías deja de ser exclusivamente tecnológico y se convierte también en un desafío organizacional.
Instalar sensores, integrar plataformas, automatizar procesos o incorporar inteligencia artificial no garantiza por sí solo una transformación. Si las decisiones continúan fragmentadas, las áreas siguen trabajando en silos y la información no se convierte oportunamente en acción, la tecnología solo digitaliza la forma tradicional de operar. La verdadera transformación ocurre cuando la organización cambia su manera de pensar, decidir y actuar.
“La competitividad futura del sector dependerá en gran medida de su capacidad para movilizar la inteligencia colectiva y romper los esquemas de trabajo aislado”, afirmó.
En esa línea, destacó que el valor de la innovación surge de la convergencia entre el conocimiento humano y las herramientas digitales. “Estamos entrando en una etapa en la que los datos informan, la tecnología potencia y las personas transforman. La inteligencia artificial no debe sustituir décadas de experiencia operacional, sino amplificarla y conectarla para tomar mejores decisiones”, señaló Muñoz.
La analítica avanzada y la inteligencia artificial deben ayudar a anticipar riesgos, reducir la variabilidad operacional, elevar la confiabilidad y optimizar el uso de los recursos. El progreso no consiste en retirar a las personas de la operación, sino en reducir su exposición al riesgo y ubicarlas allí donde su experiencia, criterio y capacidad de decisión puedan generar mayor valor.
Sin embargo, la tecnología constituye solo una parte de la ecuación. Durante el cierre, Muñoz puso énfasis en una variable que suele subestimarse en los procesos de transformación: la aceptación. Una solución puede ser técnicamente sobresaliente, pero si quienes deben aplicarla no comprenden su propósito, no participan en su construcción o no confían en quienes la lideran, será difícil sostener sus resultados.
Esta relación fue sintetizada mediante la ecuación Q × A = E, donde la calidad de una solución, multiplicada por su nivel de aceptación, determina su efectividad. Desde esta perspectiva, la transformación exige pasar de la resistencia al cumplimiento y, finalmente, al compromiso. La resistencia genera fricción; el cumplimiento puede producir una adopción temporal; pero solo el compromiso permite incorporar el cambio de manera sostenible en la forma de operar.
Para construir esa aceptación se requieren propósito, visión, confianza, participación, capacidad, reconocimiento y, especialmente, ejemplo del liderazgo. Las empresas pueden adquirir tecnología, desarrollar infraestructura e implementar sistemas, pero no pueden comprar el compromiso de las personas. El compromiso se construye mediante un liderazgo coherente, cercano y capaz de convertir la incertidumbre en confianza.
Al concluir, Muñoz sostuvo que la minería del futuro no debe plantearse como una competencia entre personas y tecnología, sino como una colaboración entre ambas capacidades. La inteligencia artificial aporta velocidad de procesamiento y análisis; las personas aportan contexto, experiencia, criterio, creatividad, responsabilidad y propósito.
El mensaje integrado de ambas presentaciones fue claro: el futuro de la minería no llegará simplemente como consecuencia de la tecnología. Será el resultado de las decisiones que se tomen hoy, de la capacidad para romper silos y de un liderazgo capaz de movilizar a las personas. La transformación minera será sostenible cuando conecte talento, tecnología y propósito, y cuando convierta la aceptación en compromiso y el compromiso en resultados.














